The Artist (Michel Hazanavicius, 2011)
La seguidilla de propagandas y colillas que, como de costumbre, preceden a la película, son chillones y estridentes. El sonido en todas sus manifestaciones contribuye a la creación del tipo de espectáculo que es habitual: gente que habla, grita, susurra, gime, solloza; impresionantes paisajes que el espectador ha aprendido a disfrutar más por el fondo musical; y también, color, mucho color. A su llegada, The Artist irrumpe en una sala llena de sonido, el inmenso contraste de su silencio absoluto, casi ensordecedor. Del mismo modo, los hermosos tonos de plateado, negro y blanco le piden al ojo lleno de color un pequeñísimo acomodamiento, sus impactantes claroscuros cargados de significado.
The Artist, de Michel Hazanavicius empieza en medias res y anuncia a viva voz su tema el mise-en-abyme autorreferencial: el advenimiento de una nuvea relación entre imagen y sonido. En ella, el actor George Valentin (Jean Dujardin) mira el estreno de su obra más reciente: The Russian Affair, una película muda de los años ’20 con todas las características convencionales típicas de Hollywood que, a su vez, constituyen la estética de ambos, el artista y de The Artist. Hay una orquesta que toca en vivo la banda original de la película en la sala cinematográfica ficcional y una selección de las palabras más pertinentes de la historia aparecen en forma de itertítulos impresos en placas de cartón. El fragmento que da comienzo a The Artist muestra a George Valentin en el papel de un hombre, que tal vez sea un espía, que es interrogado por la policía secreta, pero se niega terminantemente a emitir sonido alguno. En los intertítulos se ve la orden: ‘SPEAK!’ (‘¡HABLE!’). The Artist abunda en comentarios sobre la representación, abordando, particularmente, la tension entre imagen y sonido: bellamente expresados a través de varias escenas que giran en torno a espejos y retratos.
En la película de Hazanavicius, el lenguaje se expresa principalmente a través de lo corporal: la expresión facial, los gestos y aun articulando las palabras de manera que se puedan leer los labios; además de las placas de intertítulos que aparecen muy ocasionalmente. La capacidad de los actores de expresar una amplia gama de sentimientos de gran complejidad y profundidad refleja una serie de capacidades histriónicas particularmente predominantes en la época precedente a la llegada de las películas sonoras en los años ’30. The Artist es un homenaje a Hollywood que celebra no los años dorados, sino sus transiciones. Esta película celebra los maravillosos años mudos, la preponderancia de la imagen por sobre la palabra hablada, de la música por sobre el color; y explora el duelo por un pasado que algunos vivieron como un paso a la historia que el rito cada vez más acelerado de Hollywood forzó demasiado pronto. The Artist es también el banquete de boda para el matrimonio del arte y las nuevas tecnologías que posibilitó el cine sonoro, anunciando la llegada de la era dorada de Hollywood. Sin embargo, George Valentin no se siente capaz de ser parte: ¿Cómo puede este galán de Hollywood al estilo Clark Gable, impecablemente vestido, su perfecto bigote de lápiz coronando la espléndida sonrisa seductora, entrar al mundo del sonido? ¿Cómo cambiaría esta icónica imagen típicamente americana si George Valentin hablara?
The Artist es una película sobre el cine, una historia de amor de una historia de amor contada desde afuera: ¿Cómo responderá el establishment Hollywoodense al sonido de esta voz extranjera?
Posted in: CAVILACIONES PERSONALES (Castellano) Tags: cine, Hollywood, películas, The Artist | Posted by: Mariana Casale O'Ryan
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